martes, 22 de enero de 2013

Televisión de blanco y negro en colores mágicos



Antes, y cuando digo antes me refiero finales de los setenta y comienzos de los 80, proliferaban por las casas unas revistas de venta por catálogo que ofrecían cosas maravillosas, casi mágicas. Desde cualquier utensilio de cocina para hacer el corte más insospechado hasta unas gafas que prometían ver más allá de las blusas de las mujeres. Por casualidad mi padre la ojeó un día y descubrió algo que le pareció increíble, prometían convertir nuestra televisión en blanco y negro en una televisión a color y a un precio asequible. Ni corto ni perezoso mi padre rellenó el cupón ante la reprimenda de mi madre por dejarse engañar de esa manera. A las pocas semanas llegó el invento mágico a casa.


Abrirlo se convirtió en todo un acontecimiento, parecía un rollo grande de papel y ninguno sabíamos donde estaría la lámpara maravillosa que colocándola hiciera surgir el color. Al abrirlo mi padre se desenrolló un trozo de acetato o plástico más o menos rígido que tenía tintada toda su superficie con un degradado de colores. Arriba azules, en medio rojos y debajo verdes. Se colocaba delante de la tele y así conseguían el milagro prometido de la televisión a color.


Nuestros ojos de niños se llevaron una profunda decepción y más cuando vimos como se adhería al televisor, por medio de celos colocados alrededor de todo su perímetro y que más de una vez, por el calor, hicieron desprenderse al invento mágico hacia el suelo en mitad de una película. Nada más instalarlo esperamos para ver nuestra primera película o serie en color.


Nos sentábamos mi hermano y yo en nuestro sofá de sky cuyos reposabrazos nos obsesionaba pincharlos con un tenedor y nuestra madre tenía que taparlos con un paño de punto en cruz, estábamos con nuestros pijamas celestes y con gomas. Había que reconocer que desde lejos el invento daba el pego, la tele ya no se veía en blanco y negro, se veía con un efecto tribanda del que al rato te olvidabas y no te extrañabas de que una carretera fuera verde, o de que el techo de una oficina fuera siempre azul.


Con aquel invento, que aún aguanto algunos años sobre el televisor encelado, pasaron un montón de series y películas de vaqueros, Speddys Gonzalez y Calimeros, y todos se veían igual, azules por arriba, rojos por el medio y verdes por debajo. Ahora, pasado el tiempo extraño aquellas revistas con sus inventos mágicos que todo lo resolvían, y también extraño mucho aquel sofá y las bolisas de aquellos pijamas con las que jugábamos viendo Las calles de San Francisco o Star Treck.

6 comentarios:

  1. Yo vi un filtro de esos en Julio del 69 en Valencia, en la casa de unos vecinos de mis tíos

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  2. Me alegra que mi padre no fuera el único que lo compró. Gracias Dolores por la info.

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  3. mi abuela también lo compró y nos lo regaló, en casa lo pusimos pero no recuerdo si aguantó 2 o 3 días...

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  4. Con eso parece que el color esta magnetizado

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  5. Hola. Así vivíamos antes cuando aún no avanzaba la Tecnología. Saludos.

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  6. Lo que creo que se trataba de conseguir era el absurdo efecto de dar un color carne en una franja en la que se supone que solían ponerse las caras de los personajes cosa que aún daba el pego si sólo veías telediarios.

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